Líneas miofasciales

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Las Líneas Miofasciales representan circuitos continuos bidireccionales de músculos a través de los cuales se propagan las fuerzas originadoras del movimiento. Podríamos decir que estas líneas reflejan las vías que siguen las tensiones musculares y fasciales para realizar un movimiento en concreto.

Es evidente, que los movimientos son producto de complejas combinaciones de varias líneas simultáneamente, si bien intentamos establecer la línea de tensión predominante en ese movimiento. Algunas de ellas, como la espiral y sobre todo la línea funcional y la línea profunda son intrínsecas al propio movimiento y por tanto debemos entender que forman parte esencial de todos ellos.

Las Líneas miofasciales son vías que actúan en una misma dirección y profundidad generando conexiones faciales o mecánicas (a través de un hueso) mostrando las inserciones de las vías anatómicas, sus divisiones y posibles rutas alternativas. Cuando buscamos una vía anatómica estamos buscando líneas constituidas por unidades del tejido miofascial, de forma similar a una vía de tren. Las Líneas Miofasciales podríamos definirlas sin lugar a dudas, como vías anatómicas que nos muestran la dirección tensional en los músculos y las fascias para generar el movimiento.

Por tanto, es importante entender que en las líneas miofasciales no se permiten ni cambio de plano o dirección, ni cambios bruscos de profundidad y cuando están en equilibrio modelan el cuerpo y optimizan su funcionamiento; se complementan unas con otras provocando compensaciones perfectas, tal como explicaremos en el apartados de la tensegridad. De alguna forma cada una posee su propio dominio y mientras éstas no desborden a otras zonas, el equilibrio general estará respetado. El exceso de actividad de una de ellas puede llegar a generar en la antagonista acciones manifiestamente dolorosas.

“No estamos aplastados por la gravedad, sino por las acciones de las diversas Cadenas Musculares que se vuelven excesivas tratando de luchar contra ella” Françeis Mézières.

La afirmación más general sobre las líneas de las vías anatómicas es que el esfuerzo, la tensión (buena o mala), el traumatismo y el movimiento tienen que transmitirse a toda su estructura a lo largo de estas líneas fasciales de comunicación.

Si bien en términos generales se han determinado siete líneas miofasciales;

Línea Posterior Superficial, Línea Frontal Superficial, Línea Lateral, Línea Espiral, Líneas del Brazo, Líneas Funcionales, Línea Frontal Profunda; lo cierto es que cualquier persona con los debidos conocimientos podría construir sus propias líneas atendiendo a las reglas comentadas en los párrafos anteriores.

Un esfuerzo de síntesis podría permitirnos determinar una diferencia fundamental entre las líneas superficiales y las líneas profundas, ya que estas últimas son las que nos sustentan en vertical y reflejan unas líneas tensionales que no pueden activarse conscientemente, y actúan de forma autónoma con nuestra propia vitalidad diaria (la respiración, el equilibrio, la verticalidad).

A continuación, explicaré las líneas miofasciales más comunes, y a su vez, las asociaremos con determinados comportamientos psicológicos. Es importante reiterar nuevamente, a pesar de haberlo repetido a lo largo de todo el capítulo, que en todo movimiento existe una interrelación entre todas las líneas, y cuando asignamos una de ellas a un determinado carácter, debe entenderse que es porque éste influye particularmente en el sistema nervioso central (cerebro), alterando las órdenes que éste proporciona al sistema miofascial para que lleve a cabo un determinado movimiento, y forzando el reclutamiento excesivo de determinados grupos musculares que finalmente se verán acortados por un esfuerzo tensional mal organizado. Evidentemente, las líneas profundas no pueden asociarse a ningún carácter específico.

La LPS conecta y protege la totalidad de la cara posterior del cuerpo, como un caparazón, desde de la planta del pie hasta la parte superior de la cabeza en dos secciones: desde los pies hasta las rodillas y desde las rodillas hasta la frente.

Su función postural general es sostener el cuerpo en extensión vertical completa y su función general de movimiento es la extensión y la hiperextensión.

Dado que nacemos en flexión, el desarrollo de la fuerza, la competencia y el equilibrio de la LPS está relacionado con la madurez, hasta llegar a una extensión completa.

Aunque hablemos de una LPS en singular, existen, por supuesto, dos LPS, una a la derecha y otra a la izquierda, y ambas tienes que estar en equilibrio, en el caso contrario genera problemas posturales y fisiológicos.

La superficie plantar del pie suele ser una fuente de problemas que se transmiten en sentido vertical a lo largo del resto de la línea. Un pequeño mal trabajo puede afectar al funcionamiento del conjunto.

La tensión excesiva en esta línea se puede asociar a una tendencia hacia la acción y a la competición y genera una cierta lordosis en el eje vertical. A nivel morfológico, los glúteos son muy marcados, la zona abdominal un poco dilatada y los hombros bajos y en aducción. Esta actitud de apertura favorece la comunicación y se asocia a personas con marcado carácter extrovertido.

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La LFS conecta la totalidad de la superficie anterior del cuerpo, desde el dorso del pie hasta el lateral del cráneo, en dos partes: desde el dorso de los dedos del pie hasta la pelvis y desde la pelvis hasta la cabeza.

La función postural general de la LFS es equilibrar la l línea posterior superficial (LPS) y proporcionar un sostén tensil desde la cabeza para así elevar las partes del esqueleto que se proyectan por delante del eje gravitatorio: el pubis, la caja torácica y la cara. La miofascia de la LFS también mantiene la extensión postural de la rodilla. Los músculos de la LFS protegen las partes blandas y sensibles de la superficie anterior del cuerpo humano.

Al igual que ocurre con la LPS, hay en realidad dos LFS, una a la derecha y otra a la izquierda, y para asegurar un funcionamiento óptimo hay que mantener las dos partes en equilibrio.

Siguiendo el principio de “todo está conectado”, la LFS se une a la LPS en un punto concreto de los dedos del pie (en los periostios). Funcionalmente, estas dos vías anatómicas son opuestas. Así, la LPS es responsable de flexionar los dedos de los pies y LFS se ocupa de extenderlos. El equilibrio postural se mantiene fundamentalmente gracias a una relación, tensa o relajada, entre estas dos líneas.

La función general de la LFS en el movimiento es generar flexión del tronco y las caderas, la extensión de la rodilla y la dorsiflexión del pie. La interacción entre la LPS, fundamentalmente orientada a la resistencia, y la LFS, de reacción rápida, se va presente en la necesidad de contracción de una línea cuando la otra está estirada.

Un exceso de tensión en los elementos de esta linea provocan que el sujeto se enrroye en el plano sagital, buscando una actitud centrada sobre si mismo, que viene a reflejar la necesidad de afecto, un exceso de sensibilidad y de sesualidad.

Morfológicamente, muestran un periné muy contraido, se acercan los isquiones y se despliegan los hiliacos, abombamiento del sacro y retroversión de la pelvis. Es propio de personas con vida sedentaria, con un exceso en sus habiatos alimenticios.

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La línea lateral sostiene cada lado del cuerpo.

La función postural de la LL es equilibrar la región anterior y posterior, y equilibrar los lados derecho e izquierdo. La LL también interfiere en las fuerzas que actúan sobre las demás líneas superficiales. La LL fija el tronco y los miembros interiores de forma coordinada para evitar que nuestra estructura ceda durante las actividades con los brazos.

La función de movimiento de la LL es participar en la inclinación lateral del tronco, abducción de la cadera y eversión del pie. También funciona con un “freno” de los movimientos laterales t de rotación del tronco.

Un exceso de tensión en esta línea se asocia a una necesidad de comunicarse con el medio que le rodea. Son sujetos con necesidad de intercambio que manifiestan tendencia a la extraversión. Podríamos asociarlo a una visión sintética de las cosas, y tendencia a la dispersión.

Una característica propia de estos individuos desde el punto de vista neurovegetativo, es que sus extremidades son caliente, la piel un exceso de grasa y cabellera escasa con calvicies tempranas.

Estableciendo un paralelo con los conceptos energéticos planteados por la medicina, nos permite asociar la expresión psico-comportamental a las influencias orgánicas y energéticas. No hay estructuras buenas o malas, todas tienen sus ventajas e inconvenientes, al final es todo cuestión de equilibrio, y de la búsqueda de un sistema motriz bien organizado.

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La línea espiral gira en torno al cuerpo en una doble hélice, uniendo cada lado del cráneo con el hombro del lado contrario a través de la región superior de la espalda y después con la cadera del mismo lado tras pasar alrededor de las costillas y cruzar la región anterior a la altura del ombligo. Seguidamente la LE recorre la región anterolateral del muslo y la espinilla hasta los pies.

La función postural de la LE es envolver el cuerpo en una doble hélice que ayuda a mantener el equilibrio en todos los planos. Ayuda a definir la adecuada trayectoria de la rodilla durante el movimiento del andar. En caso de desequilibrio la LE ayuda compensando y manteniendo las torsiones, las rotaciones y los desplazamientos laterales del cuerpo. Gran parte de la miofascia de la LE está relacionada con otros meridianos cardinales, lo que garantiza la participación de la LE en un elevado número de funciones.

La función general de la LE en el movimiento es generar los giros y las rotaciones del cuerpo y estabilizar el tronco y el miembro inferior para evitar que se pliegue en una rotación completa.

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Las líneas del brazo presentan más puentes miofasciales entre estas continuidades longitudinales que las líneas correspondientes de los miembros inferiores. Dado que nuestros hombros y miembros superiores están especializados en la movilidad (a diferencia de nuestros miembros inferiores, más dedicados a la estabilidad), esta variedad de grados de libertad exige unas líneas de control y estabilización más flexibles y, por tanto, más vínculos entre las líneas. No obstante, los miembros superiores están organizados de forma lógica, con una línea profunda y una superficial a lo largo de su cara anterior y posterior.

Los brazos, debido a su peso y a sus múltiples intervenciones en actividades cuotidianas las líneas del brazo tienen una función postural: la tensión que proviene del codo influye en la zona media de la espalda y la mala posición del hombro puede afectar a las costillas, cuello o incluso a la respiración.

Las líneas del brazo actúan alrededor de 10 niveles de articulaciones del miembro superior para un gesto tan simple como coger un objeto. Estas líneas están conectadas sin ningún tipo de discontinuidad con las demás líneas, especialmente con la LL y la LE.

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Las líneas funcionales prolongan las líneas del brazo por la superficie del tronco hasta la pelvis y el miembro inferior del lado contrario. Estas líneas se denominas líneas “funcionales” porque, a diferencia de las demás líneas, se emplean con poca frecuencia durante la bipedestación. Se movilizan durante la actividad deportiva, con el acercamiento de un hombro con la cadera del lado opuesto.

Las líneas funcionales se presentan en el cuerpo como espirales

Están constituidas básicamente por músculos superficiales. Estas líneas desempeñan una importante función estabilizadora en otras posturas distintas a la bipedestación en reposo. Como por ejemplo en una postura de yoga.

Estas líneas nos permiten aplicar una potencia adicional y mayor precisión a los movimientos de los miembros, utilizando el miembro superior como una palanca mediante su conexión con la cintura del miembro opuesto.
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La LCFP empieza en el plano profundo de la planta del pie y asciende por detrás de los huesos de la pierna y por detrás de la rodilla hasta la cara interna del muslo. En este punto, la vía principal pasa por delante de la cadera, la pelvis y la lumbar, al mismo tiempo por la cara posterior del muslo asciende una vía alternativa que llega hasta el diafragma pélvico. Desde el diafragma, la LCFP sigue su recorrido por la caja torácica mediante distintas vías que pasan alrededor y a través de las vísceras torácicas, y termina en la cara inferior del cráneo.A diferencia del resto de las líneas anteriormente descritas, la LCFP debe definirse como un espacio tridimensional, en lugar de cómo una línea. Por supuesto, todas las demás líneas también un volumen, pero se pueden ver fácilmente como líneas de tensión, a diferencia de la LCFP que ocupa un espacio de forma muy evidente.

La LCFP tiene un papel fundamental en el sostén del cuerpo: estabiliza el los miembros inferiores, sujeta por delante la columna lumbar, estabiliza el tórax a la vez que permite la relajación y expansión durante la respiración y mantiene el frágil equilibrio del cuello y la cabeza.

La falta de apoyo, equilibrio o tono adecuado de la LCFP genera el acortamiento global del cuerpo y tendera a hundir la pelvis y la columna. Y para compensar este acortamiento, modificara negativamente al resto de las líneas.

Ningún movimiento es exclusivo de la LCFP, excepto el movimiento de la cadera y la respiración diafragmática; aun así, ningún movimiento carece de su influencia.

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Fuente: córporal.center